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Salmo 91:2

Declaro lo siguiente acerca del SEÑOR: Solo él es mi refugio, mi lugar seguro; él es mi Dios y en él confío.

05/14/2020

¿Te has sentido verdaderamente aprisionado alguna vez? Quizá alguna vez has escuchado la historia de los 33 mineros que quedaron atrapados a 720 metros bajo la tierra por 69 días.

El 5 de agosto de 2010, alrededor de las 2:30 de la tarde un derrumbe sorprendió a los mineros que trabajaban en la mina San José en el desierto de Atacama en Chile. Había mucha incertidumbre sobre su sobrevivencia. Sin embargo, la única esperanza que existía era que hubieran alcanzado a llegar al refugio que estaba dentro de la mina. Las autoridades respiraron aliviadas después de semanas de búsqueda cuando uno de los perforadores de búsqueda regresó con una nota que decía “Estamos bien, en el refugio, los 33”. Luego de otras tantas semanas el 13 de octubre, finalmente fueron rescatados y el mundo entero siguió la noticia emocionado. Según algunas normativas de diferentes países las minas deben tener refugios que posean por los menos: una construcción resistente que garantice seguridad, cada refugio debe estar a no más de 30 minutos del lugar de trabajo en la mina, amplitud para albergar a todos los trabajadores cercanos; señalización para fácil identificación y acceso; suministro de aire (oxigeno)y depuración de CO2, agua potable o formas de potabilizarla, electricidad para iluminación y baterías, alimentos no perecibles, elementos de primeros auxilios y manual para tratar lesionados.

El salmista compara a Dios con un refugio que en tiempos de desastre y desesperación nos garantiza seguridad y firmeza, está a la distancia de nuestra oración, puede albergar a todos quienes acudan a él, nos oxigena espiritualmente para aliviar nuestro sufrimiento, nos da agua de vida, ilumina nuestro camino en la incertidumbre, nos alimenta, nos da fuerzas, y cura nuestras heridas, dolor y sufrimiento.

En tiempos como los que estamos viviendo necesitamos recordar que tenemos un refugio a donde o más bien dicho a quién acudir para estar a salvo y sentirnos seguros. Dios es nuestro refugio. ¿Durante los próximos meses, cómo puedes forjar un hábito de correr hacia tu Refugio? ¿Qué versículos o símbolos puedes usar y colocar en tu casa como recordatorios o “señales” que te apunten hacia Él?

Por otro lado, nosotros como cristianos también somo llamados a ser Sus instrumentos para cuidar a otros. Nos ha equipado para ser Su cuerpo. Capaces de dolernos juntos para sobrellevar las cargas los unos de los otros, pero también para animarnos juntos y apoyarnos mutuamente cuando nos sentimos rodeados de peligro y oscuridad.

¿Podrías ser un refugio para otras personas? ¿Has tenido alguna experiencia donde Dios te ha usado para ser refugio para alguien? Piensa, ¿De qué manera puedo ser refugio para la gente que me rodea?

P.T. Cofré