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SIRVE A OTROS

La vida está llena de problemas y necesidades inesperadas, grandes y pequeñas. Presta atención a los momentos en los que Dios te llama a la acción, sin importar cuán ordinaria o extraordinaria sea la situación. Mira las “interrupciones” como invitaciones a compartir tangiblemente el amor de Cristo. Escribe una nota de ánimo. Visita a los enfermos o a los que están de luto. Comparte una comida. Aborda prácticamente las necesidades de tu comunidad.

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DA ALEGREMENTE

¡Alégrate, pues puedes dar a otros! Piensa en dar como un privilegio en vez de una obligación, una alegría en vez de una carga. Al considerar todo lo que se te ha confiado -tiempo, habilidades y dinero- pregunta: “¿Cómo me llama Dios a compartir lo que se me ha dado para hacer avanzar su Shalom en mi familia, iglesia, comunidad y mundo?” Recuerda, lo que tienes no es tuyo- es de Dios.

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UNE TUS MANOS

Trabaja en equipo. Colabora con los demás miembros de tu iglesia y otros en tu comunidad para encontrar las mejores soluciones. La colaboración aligera la carga, genera mejores ideas que cuando las personas trabajan solas, y impulsa los dones que Dios nos ha dado a todos. Para lograr un cambio duradero, debemos hacer las cosas CON los demás, no PARA ellos.

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ABRE PUERTAS PARA QUE OTROS DIRIGAN

Permite que otros vayan al frente y comparte el liderazgo. Suelta los trabajos que siempre has hecho y anima a que surjan nuevos líderes. No te sientas amenazado por otros, sino que lidera equipándolos, incluyendo a los jóvenes y a los que son pasados por alto. No sólo son el futuro de nuestra iglesia, sino que son de vital importancia para nuestro presente. Recuerda: Jesús comenzó a construir su ekklesia con líderes humildes que a menudo eran despreciados por la sociedad.

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SÉ UN DISCÍPULO HACEDOR DE DISCÍPULOS

Los seguidores de Jesús no son consumidores religiosos. Si quieres seguir a Jesús, es tu tarea imitarlo, obedecerlo, revestirte de su carácter y unirte a su misión de renovar el mundo. Entonces busca oportunidades para compartir lo que has aprendido con otros y hacer discípulos que hagan más discípulos. Recuerda, un “discípulo” que no hace discípulos no es un discípulo.

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CUENTA TU HISTORIA EN SU HISTORIA

Dios te ha encomendado tu historia. Cuando te invitó a incorporar tu historia en la suya y aceptaste, algunas cosas empezaron a cambiar. ¿Has experimentado la bendición, sanidad y transformación de Dios desde entonces? No te lo guardes. Comparte cómo Él ha trabajado en tu vida con tus vecinos, compañeros de trabajo, amigos y con desconocidos. Luego, pídele a Dios oportunidades para contarles a otros Su historia.

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OREN PRIMERO Y OREN DE NUEVO

Pide primero la guía y la bendición de Dios en todo lo que hagas. Ora por sabiduría y por que la voluntad de Dios se haga en tu vida, comunidad y ciudad como en el cielo. Permite que tu corazón se quebrante por aquellas cosas que quebrantan el corazón de Dios y luego pide que el amor y la bendición de Dios se revele a tu familia, iglesia, vecinos y compañeros de trabajo, en las buenas y en las malas. Finalmente, pídele a Dios que abra tus ojos a las necesidades que te rodean y te ayude a ser parte de su respuesta a tus oraciones.

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MUESTRA HOSPITALIDAD

Dios desea abrir las puertas de tu iglesia a todas las personas. Da una cálida bienvenida a los recién llegados y salúdalos con una sonrisa. Como lo hizo Jesús, acepta a las personas y no las juzgues a primera vista. Ama incondicionalmente, y como Cristo te ha recibido, recibe a personas diferentes a ti. Muestra un interés genuino en los demás y haz que la gente se sienta como en casa. Practica la hospitalidad. Cuando puedas, invita a la gente a comer o a tomar café en tu casa, incluyendo vecinos o gente del trabajo.

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ENCUENTRA FUERZA EN PERTENECER

En tu iglesia, eres amado y valorado. Considera a los otros miembros de tu iglesia como tu familia. No te apartes cuando las cosas se pongan difíciles, sino permite que las luchas y las decepciones profundicen tu sentido de pertenencia. Ora por oportunidades de sanar las relaciones rotas. Por favor, ten paciencia. Lleva tiempo construir una cultura de Shalom. Dios aún no ha terminado contigo ni con los que te rodean.

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CELEBRA NUESTRA UNIDAD, DISFRUTA NUESTRA DIVERSIDAD

Gracias a Dios que, como partes del cuerpo humano, no todos somos iguales. Mantente abierto a aprender de los demás, sin importar su edad, origen, etnia, género o cargo en la iglesia. Recuerda que la familia de Dios está compuesta por miembros de cada lengua, tribu y nación. Tomamos mejores decisiones y crecemos como personas cuando consideramos varias perspectivas, incluyendo las de aquellos que son diferentes a nosotros. Escucha con curiosidad y considera el valor de sus ideas y experiencias.

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