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Shalom con mi Ciudad y Mundo

En las culturas donde predomina el individualismo, la idea de la integridad y el bienestar se centra principalmente en el individuo. Por eso nuestros sistemas religiosos, culturales y políticos habitualmente destacan las necesidades, derechos e intereses del individuo. Se trata de mi salvación, mi crecimiento espiritual, mi relación con Dios, mi salud, mi riqueza y mi bienestar. Sin embargo, las Escrituras dejan claro que el punto de vista de Dios es mucho más corporativo. En palabras del teólogo sudamericano René Padilla: “Si Jesucristo es el Señor de todo el universo y se le ha concedido la soberanía en el cielo y en la tierra, su dominio se extiende a las esferas económica y políticas, a lo social y cultural, a lo estético y ecológico, a lo personal y a lo comunitario”. Esto significa que Dios no sólo se preocupa por mi shalom individual, sino que está profundamente interesado en el shalom de las comunidades, ciudades, sociedades y naciones. Así que le dice el profeta Jeremías a los israelitas: “Buscad el shalom y la prosperidad de la ciudad a la que los he llevado cautivos. Rueguen al Señor por ella, porque si prospera y tiene shalom, ustedes también tendrán shalom”.[i] Dios, entonces, nos llama a trabajar por el shalom, no sólo de nuestros propios hogares, lugares de trabajo, vecindarios y ciudades; sino también el shalom del “otro”, de los que son diferentes a nosotros, porque nuestro shalom está ligado al suyo y sólo puede florecer cuando la abundante bendición de Dios fluye a través de nosotros hacia ellos.

 

Al mismo tiempo, el interés de Dios no es sólo por la vida humana, sino por toda forma de vida y toda la creación. Él quiere ver a la creación entera sanada y restaurada, viviendo en armonía, interdependencia y plenitud.[ii] El Shalom, por lo tanto, nos llama a una relación correcta con toda la tierra. Dado que Dios es el creador, dueño y gobernante de este mundo, estamos llamados a cuidar atenta y adecuadamente la creación como sus administradores; para fomentar el florecimiento de la creación de Dios en su nombre.[iii]  Es la consecuencia lógica de nuestro amor por Dios, cuidando lo que Dios ha hecho, ya que realmente todo pertenece a Dios.[iv]  Ahora, Dios ciertamente podría intervenir sobrenaturalmente y cambiar unilateralmente todas las cosas que están mal en nuestro mundo. Sin embargo, elige limitarse en gran manera y trabajar a través de personas que confían en él, son obedientes a su llamado y abrazan su vocación dada por Dios para ser sus manos de misericordia y amor en la tierra. Así pues, como ciudadanos de su reino, estamos llamados a influir positivamente en todas las esferas de la vida, sabiendo que tenemos “un poder que actúa dentro de nosotros y que es capaz de lograr abundantemente mucho más de lo que podemos pedir o imaginar”.[v]  Pero ¿cómo? ¿De qué manera vamos a trabajar para establecer el shalom en nuestras ciudades y en el mundo?

 

Primero, une tus manos con las de los demás en el trabajo continuo de Dios para devolver el orden a un mundo de chaos. Aunque somos salvos por gracia mediante la fe, no por nuestras obras,[vi]  nuestras obras siguen siendo vitales para Dios. “Porque somos la obra maestra de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, que Dios preparó de antemano para que fueran nuestra forma de vida.”[vii] Por lo tanto, no somos salvados por buenas obras sino PARA buenas obras. Estas obras, que incluyen todo lo que hacemos, son parte de la renovación de la creación de Dios. El punto es que hacemos estas obras en colaboración con otros, ya que lograremos más y mayores cosas cuando trabajemos en equipo.

 

En segundo lugar, da alegremente hacia el trabajo de avanzar el Reino de Dios. Mira más allá de tus propias necesidades e intereses y preocúpate por la necesidad de pan, ropa, refugio, seguridad económica, justicia, paz, educación, sanidad y restauración de tus vecinos, así como su necesidad fundamental de Jesucristo.[viii]  Mientras que las Escrituras hablan mucho de dar dinero, Dios en realidad nos pide mucho más. Él está pidiendo nuestras primicias y lo mejor de nosotros, no nuestras sobras o excesos. Convertirse en un “sacrificio vivo” y dar todo lo que tenemos y todo lo que somos – nuestros talentos, cuerpos, tiempo, finanzas e influencia – a Él. Imagina lo que Dios podría hacer con tu vida vivida para Él.

 

Tercero, sirve a los demás, en particular a los que están más allá de tu círculo inmediato de familiares y amigos. Imita la vida de Cristo estableciendo relaciones significativas con aquellos que necesitan atención médica; siendo solidario con la viuda y el huérfano, los desfavorecidos del mundo, las ovejas que han sido maltratadas por sus pastores e incluso que han sido abandonadas. Acepta que ese amor encarnado puede requerir sufrimiento y abnegación. Sin embargo, al ponerlo en práctica, alentarás a otras personas a liberarse de la cobardía, de la angustia y de las cosas rotas, para que recuperen su dignidad y su autoestima. También aprenderás a amar más como Dios y menos como tu “yo” carnal, ya que “todos pueden ser grandes… porque cualquiera puede servir”.[ix]

 

Cuarto, vive con rectitud y haz justicia. “Estamos llamados no sólo a entender el problema del mal y la justicia de Dios, sino también a ser parte de su solución.”[x]   Esto comienza con que vivamos correctamente y tratemos a los que nos rodean con justicia. Continúa con que veamos por las necesidades de los demás, abriendo nuestros oídos a sus clamores, y sintiendo profundamente cualquier injusticia cometida contra alguien. Sigue con que abandonemos nuestro miedo a defender a los débiles por la ira de los fuertes. Incluso cuando sabemos “que hay olas de injusticia en este mundo contra las que ni siquiera los más fieles se podrán salvar, no nos desesperamos”.[xi] En cambio, seguimos combatiendo la corrupción y defendiendo a los que no pueden alzar la voz por sí mismos, porque sabemos que un día toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es el Señor.

 

Quinto, eres enviado, ahora ve. “A pesar de lo que mucha gente piensa, el punto del cristianismo no es ir al cielo cuando mueres.”[xii]   De hecho, Dios no creó a los humanos para el cielo. Creó a los humanos para la tierra.[xiii] Así que, haz que tu vida cuente, asume tu vocación dada por Dios y únete a la misión transformadora de Dios, llamando el futuro al presente, sabiendo que las Buenas Noticias y las buenas obras son inseparables.[xiv] A medida que lo vivas, “haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, de todas las maneras que puedas, en todos los lugares que puedas, en todos los momentos que puedas, a todas las personas que puedas, siempre que puedas”.[xv] 

 

En resumen, Dios anhela que más de su shalom cobre vida en nuestras ciudades y en el mundo. Y nos invita a unirnos a él en esta tarea. Sin embargo, debemos evitar tomar atajos donde dependemos principalmente del poder político o de manifestaciones sobrenaturales para abordar las necesidades e injusticias que nuestro pueblo enfrenta. Poner más cristianos en cargos públicos, lanzar más programas de bienestar social para ayudar a los pobres, o hacer campañas masivas con señales y maravillas, no resolverá, por sí solo, nuestros problemas. Por el contrario, necesitamos enfrentar a los poderes corruptos de manera que realmente los desarmen. Eso requerirá mucha oración de intercesión, colaboración con otros, dar alegremente, servir a los marginados y llevar sus necesidades a la atención del público en general. Además, significará desenmascarar las mentiras de los sistemas de nuestras ciudades y naciones, enfrentar a los poderes en sus dimensiones estructurales y participar en una defensa justa. Una labor difícil y peligrosa, ya que “el nuevo orden de Dios es una amenaza para cualquier orden establecido, la llegada del reino, forzando su camino a través del viejo orden, produce una reacción más intensa”.[xvi] Sin embargo, como pueblo de Dios, esa es nuestra misión. Una misión que sólo podemos llevar a cabo viviendo bajo el yugo de Jesús, tomando nuestra cruz, aceptando la humillación, incluso la obediencia hasta la muerte, y poniendo nuestra confianza en el Cristo resucitado y exaltado. La buena noticia es que “el reino puede venir con poder a este mundo actual y afectar todas las relaciones humanas, pero nunca lo hará sin sufrimiento”.[xvii] Sin embargo, esta es nuestra vocación, escuchar la música del futuro y tener el valor de bailar en el presente.[xviii]

 

[i] Jeremiah 29:7

[ii] Isaiah 11:6-9

[iii] Craig Nessan, Shalom Church, 9-10

[iv] Why are We Stewards of Creation – World Vision’s Biblical Understanding of How We Relate to Creation, 8, accessed online in October 2020 at WVI

[v] Ephesians 3:20

[vi] Ephesians 2:8–9

[vii] Ephesians 2:10

[viii] Arthur Glasser, Announcing the Kingdom

[ix] Martin Luther King Jr., quote accessed online in October 2020 at https://www.goodreads.com/quotes/757-everybody-can-be-great-because-anybody-can-serve-you-don-t-have

[x] N.T. Wright, Evil and the Justice of God, 128-129

[xi] Gary A. Haugen, Good News About Injustice, 61

[xii] N.T. Wright, Simply Christian, quoted at https://www.theologyofwork.org/the-high-calling/blog/how-n-t-wright-changed-my-faith

[xiii] Myles Munroe, Understanding the Purpose and Power of Prayer: How to Call Heaven to Earth,

[xiv] Manila Manifesto

[xv] John Wesley, quoted at https://www.brainyquote.com/quotes/john_wesley_524889

[xvi] Mortimer Arias, Announcing the Reign of God, 43

[xvii] Dewi Arwel Hughes, God of the Poor, 41

[xviii] Peter Kuzmic, quoted at https://twitter.com/peterkuzmic/status/606024453756198912?lang=en