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ANIMA Y NO JUZGUES

Decide dar a otros el beneficio de la duda y deja a un lado tus propios juicios y nociones preconcebidas. Desecha el impulso de murmurar, criticar y juzgar… no ayuda. En vez de eso, reconoce públicamente las cosas buenas que ves a tu alrededor, y anima a los que están cansados. Unas pocas palabras de aliento pueden literalmente cambiar la vida de una persona para siempre. Por lo tanto, busca cosas que sean dignas de reconocimiento entre los que te rodean. Cuando lo veas, señálalo, regocíjate y celébralo.

Pasajes Bíblicos

pero si están siempre mordiéndose y devorándose unos a otros, ¡tengan cuidado! Corren peligro de destruirse unos a otros.

No juzguen a los demás, y no serán juzgados. Pues serán tratados de la misma forma en que traten a los demás. (

Lo más importante de todo es que sigan demostrando profundo amor unos a otros, porque el amor cubre gran cantidad de pecados.

Pensemos en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones. Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros.

Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes y continuamente los tenemos presentes en nuestras oraciones. 3 Al orar a nuestro Dios y Padre por ustedes, pensamos en el fiel trabajo que hacen, las acciones de amor que realizan y la constante esperanza que tienen a causa de nuestro Señor Jesucristo.

Por eso Dios ha formado el cuerpo de tal manera que se les dé más honor y cuidado a esas partes que tienen menos dignidad.

Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza.

Ideas para la Acción

Escribe un texto o una nota a alguien cercano a ti que hizo algo maravilloso o importante. En la nota, diles con muchos detalles por qué estás agradecido o complacido con ellos.

Reflexiones diarias

Es normal que te protejas y es natural que desconfíes de otros. Todos hemos sido engañados antes, por eso es tan difícil otorgar el beneficio de la duda. Algunos han sido heridos tan profundamente que les es casi imposible confiar en otros. Pero la iglesia se destruye cuando no existe confianza; cuando murmuramos y nos devoramos unos a otros, siempre asumiendo motivos ocultos detrás de cada palabra y acción. Cuando asumimos que los demás tienen una buena intención y les otorgamos el beneficio de la duda, a veces podemos resultar heridos, pero la alternativa es peor: dejarse llevar por el miedo y la amargura, y ser incapaces de formar amistades profundas. ORA: que Dios te quite la amargura que te impide confiar. Anima y no juzgues.
A menudo, los que asumen lo peor de los demás son también los menos dignos de confianza. Tal vez te cuesta otorgar el beneficio de la duda, porque tú mismo no honras tus palabras y tu “Sí” a menudo se convierte en un “No”. Jesús nos dice que seamos generosos en la forma en que vemos a los demás. No juzgues rápidamente sus motivaciones o intenciones. Si te falta información respecto a algo, no lo llenes con pensamientos cínicos. Dales un poco de margen y asume lo mejor de las personas sin sacar conclusiones precipitadas. Tú también has sido perdonado, así que perdona a los demás. La única manera de construir una comunidad es asumiendo que las personas a tu alrededor tienen una buena intención y buscando confiar en los demás. ORA: por sabiduría al aprender a confiar en otros aun cuando es difícil. Anima y no juzgues.
La mayoría de nosotros hemos sido heridos por otros y por eso nos cuesta confiar y otorgar el beneficio de la duda. Sin embargo, Cristo nos pide que amemos y no juzguemos; que asumamos que los demás tienen una buena intención, no porque nuestras iglesias estén llenas de gente increíble que nunca nos hará daño, sino porque la iglesia está hecha de gente que Dios mismo eligió abrazar, incluyéndote a ti. Dios te invita a confiar, amar y perdonar a los demás, porque Él te perdonó y te amó primero. Nuestro amor mutuo puede cubrir una multitud de pecados. Ese amor abarca los pecados pasados, presentes y futuros, permitiéndonos confiar a pesar de ser lastimados. ORA: que Dios te ayude a perdonar y a confiar. Anima y no juzgues.
En un mundo en el que somos bombardeados por mensajes negativos, incluyendo nuestra paternidad, nuestro aspecto, nuestros hogares y nuestros ingresos, donde se nos repite que nunca son lo suficientemente buenos, necesitamos tener un lugar donde recibamos apoyo y aliento. Por eso nuestras iglesias deben ser espacios donde se renueve nuestra esperanza, donde se nos recuerde quiénes somos y donde se nos motive a seguir amando y haciendo el bien. Especialmente cuando fallamos o cuando nos sentimos deprimidos, ¡la comunidad es un regalo! Tienes la capacidad de ayudar a construir ese espacio hablando palabras de aliento para decir a los que te rodean quiénes son, y en quién ves que se están convirtiendo. ORA: que el Espíritu Santo te dé las palabras que otros necesitan escuchar. Anima y no juzgues.
Pablo comienza su carta con un mensaje de ánimo. Él sabe que una de las tareas fundamentales de cualquier líder es ayudar a los demás a sentirse seguros de sí mismos, del grupo que forman parte, y en la misión misma. Por lo tanto, antes de que haya cualquier enseñanza o regaño, hay que alentar. Muchos de nosotros rápidamente identificamos las fallas, pero nos tardamos en animar y celebrar a los que nos rodean. Antes de encontrar fallas hoy, busca lo bueno en otros y felicítalos. Una palabra de aliento puede levantar a alguien que siente que está fallando, y a su vez ayudas a otros a alcanzar alturas de las que nunca se creyeron capaces. ORA: que Dios te ayude a animar más en lugar de juzgar. Anima y no juzgues.
Es fácil realzar y elogiar las acciones de aquellas personas allegadas a nosotros, o animar a aquellos que parecen ser exitosos. Sin embargo, los que más necesitan de reconocimiento son aquellos que no son el centro de atención ni reciben un trato honorable. Las acciones de Jesús nos desafían a celebrar y aplaudir la dignidad y el valor de personas a las que normalmente no honraríamos. Incluso mientras sufría en la cruz, Jesús fue capaz de animar a uno de los ladrones rebeldes crucificados a su lado. Piensa en las personas con las que vas a interactuar hoy. ¿Quién recibiría normalmente el menor honor? Encuentra una manera de animarlos y celebrarlos. ORA: que el Espíritu te muestre quién necesita ser animado. Anima y no juzgues.
Muchas iglesias tienen más una cultura de reprensión que una cultura de motivación. No dejes que esa sea tu iglesia. Apagar la vela de otro no hace que la tuya brille más. En cambio, reconoce lo bueno de la gente y dilo. Alentar a alguien frente a otros puede marcar la diferencia en la vida de esa persona. Dios alabó a Jesús de esta manera, anunciando audiblemente “este es mi hijo, en el que estoy muy complacido”. La alabanza es un regalo poco costoso, pero de mucho valor que puede ayudar a desarrollar el potencial de las personas y animarles a crecer. ORA: que el Espíritu Santo te ayude a usar la poderosa herramienta de la alabanza para edificar a la gente a tu alrededor. Anima y no juzgues.

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